Domingo 9 de Marzo: Tod@s somos cultura

El próximo Domingo 9 de Marzo a las 11:00, la Marea Amarilla se unirá a la Marea Roja de la Plataforma en Defensa de la Cultura en el madrileño Paseo de Recoletos, en una gran reivindicación festiva de las artes y las letras frente a la actual política de recortes y falta de apoyo a estos sectores imprescindibles para el desarrollo de la ciudadanía.

Nuestro espacio estará muy cerca de la puerta de la Biblioteca Nacional, y se dividirá en tres partes:

1. El rincón del narrador, donde intervendrán escritores y poetas.

2. Photocall, donde l@s visitantes podrán hacerse fotos con carteles reivindicativos en defensa de la lectura pública y las bibliotecas públicas, y contra el préstamo de pago en bibliotecas.

3. Elaboración de mural, en el que l@s asistentes, niños y mayores, podrán plasmar sus opiniones, frases o dibujos, de sus lecturas favoritas o su punto de vista sobre la lectura o las bibliotecas.

Y lo más importante: ¡trae un libro que te guste y comparte tu lectura preferida! ¡¡¡Y no olvides tu camiseta, amarilla o roja!!!

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“Recortes y bibliotecas”

Reproducimos un artículo de Pablo Pérez Casas publicado hoy en The Economy Journal.

“¿Pensábamos que las bibliotecas iban a ser diferentes a los hospitales o a los colegios públicos? ¿Creíamos que, estando en su mayoría las bibliotecas sostenidas con fondos públicos, no nos iban a recortar también a nosotros?. Porque nos piden un artículo sobre cómo ha afectado la crisis a las bibliotecas. Pero defendemos que no es la crisis sino los recortes. Es evidente que la inestabilidad financiera que sufrimos desde el año 2008 se podía haber afrentado de otras maneras muy diferentes. Por ejemplo aumentado el gasto y la inversión pública y no disminuyéndolo como se ha hecho.

Una vez sentado esto vamos a revisar cómo nos han maltratado los recortes para luego mostrar el modo en que los bibliotecarios nos hemos organizado para defendernos y luchar contra los mismos.

Lo peor, está claro, que le puede suceder a una biblioteca es que la cierren. En España uno de los casos más sangrantes de cierres de bibliotecas es el de las que dependían de la Obra Social de Caja Madrid. Tras el desmadre financiero de Blesa, Rato y demás, llegaron las vacas flacas y se decidió prescindir de lo menos rentable económicamente aunque si lo fuese socialmente. Así Caja Madrid -ahora Bankia- cerró casi todas de las 39 sucursales que tenía por todo el país. Recientemente hemos sabido que el banco se está dedicando a hacer caja a costa de esos locales. Así en Alcalá de Henares se ha puesto en alquiler la antigua biblioteca -¡con los libros dentro!- y en el barrio de Aluche en Madrid la biblioteca se ha transformado en una tienda de ropa. Triste signo de los tiempos.

Otro cierre preocupante es el de la biblioteca que la Fundación Germán Sánchez Ruipérez tenía en Salamanca. El cierre produjo mucha alarma entre la comunidad bibliotecaria puesto que dicha biblioteca, especializada en literatura infantil y juvenil, era un ejemplo para todos nosotros. En cambio la biblioteca de Las Palomas en el barrio granadino de El Zaidín no era muy conocida hasta que, entre el Ayuntamiento de Granada y la Junta de Andalucía, la cerraron en el verano del año 2011. Desde entonces si se ha hablado mucho, muchísimo de ella puesto que ha sido un auténtico ejemplo de lucha de los usuarios por reabrirla.

Las bibliotecas cierran o reducen horarios

En otras ocasiones no se llegan a cerrar las bibliotecas pero si se reducen sus horarios y servicios. Así, este pasado otoño, se denunciaban los casos similares de las bibliotecas de Valencia y de Sevilla. Las jubilaciones de los bibliotecarios no se reponen y el personal llega a ser insuficiente para abrir todas las bibliotecas. La solución, mucho más fácil que la impopular de cerrar las bibliotecas del todo, es cerrar unas por las mañanas y otras por las tardes. Se van reduciendo los horarios sin llegar a cerrar ninguna biblioteca.

También está la reducción de horarios que utiliza la excusa energética. Como es muy cara la calefacción o el aire acondicionado necesarios para mantener abierta la biblioteca pues se cierra esta en invierno o en verano. Sucede principalmente en las bibliotecas universitarias. Antes prácticamente todas abrían en los periodos no lectivos y, con horario extras, en épocas de exámenes. Con los recortes han dejado de hacerlo con el consiguiente enfado de los estudiantes que, en algunas ocasiones como en la Universidad de Badajoz o en la Complutense madrileña, han llegado a ocupar las bibliotecas.

Otra reducción de servicios es la que se refiere a las actividades culturales. Muchas bibliotecas han pasado de ser auténticos centros que dinamizaban la cultura de su barrio o población a no ofrecer ni una sola actuación de un narrador oral o cuentacuentos.

Porque hay que tener claro la situación, por ejemplo, de las bibliotecas situadas en pequeñas poblaciones. En esos lugares no hay ningún tipo de entretenimiento más allá del bar o la televisión. Por ello, si en la biblioteca hay una bibliotecaria con ganas de hacer cosas, puede llegar a convertirla en el único centro cultural de la localidad. Así que nos resulta muy triste ver como Comunidades Autónomas como la de Castilla-La Mancha, están reduciendo o eliminando ayudas a las bibliotecas de sus pequeños municipios. Que en muchos casos tienen que reducir sus horarios o directamente cerrar sus puertas volviendo a sumir estos pueblos en un desierto cultural.

Pero si hay un tipo de recorte que es común a casi todas las bibliotecas españolas es el de las adquisiciones. Nuestras bibliotecas han tenido un atraso secular en número de libros respecto a otras naciones europeas. Hace unos años la distancia se estaba consiguiendo acortar. Entre otros motivos por un Plan de Fomento a la Lectura que establecía unas ayudas proporcionadas entre el Gobierno Central y las Comunidades Autónomas.

Todo eso se ha acabado. El actual Ministerio de Cultura ahora esta compartido con el de Educación. Por ello es fácil adivinar cuál es el ministro que nos corresponde y que decidió, ya en el 2012, eliminar ese Plan. A eso se le añade que prácticamente todas las administraciones ya sean locales o autonómicas han hecho lo mismo. El resultado es lo que se han dado en llamar “mesas tristes” en las bibliotecas, refiriéndose a las mesas que antes mostraban las novedades literarias y que ahora están vacías o cubiertas solo con donaciones que, lógicamente, suelen ser publicaciones desfasadas en el tiempo.

Se nos va a permitir unas breves anotaciones sobre la actual situación laboral de las bibliotecarias y bibliotecarios. Desde fuera se suele considerar que todos son funcionarios con el puesto fijo. Pero no siempre es así. Por ejemplo en la red bibliotecaria madrileña son interinos casi el 40% de la plantilla. Eso significa estar expuesto a los despidos como sucedió, entre otros lugares, en Castilla-La Mancha o en la Universidad Politécnica de Madrid. De hecho en España, según las últimas estadísticas bibliotecarias del INE, hay menos bibliotecarios para atender a más público.

Porque eso es un dato importante a tener en cuenta. La crisis y el paro han llevado a muchas personas a acudir a la biblioteca a buscar ese libro que ya no puede comprar. O a usar el Internet que ya no tiene en su inexistente trabajo o que ya no puede pagar en su casa. Es paradójico que se esté escatimando en bibliotecas precisamente cuando más se utilizan. Alguien, en Estados Unidos, dijo que recortar en bibliotecas en tiempos de crisis era como cerrar hospitales cuando hay una epidemia.

Cada vez más, los bibliotecarios son personal externalizado

Además hay que señalar que muchos -por desgracia cada vez más- de los bibliotecarios son actualmente personal externalizado. Sí, siguiendo la funesta moda neoliberal se está dando la gestión de algunas bibliotecas a empresas privadas que, al interponer un innecesario intermediario, encarecen el coste. Eso cuando no dan lugar a casos de corrupción.

Así, por ejemplo, las bibliotecas municipales de A Coruña o de Murcia están externalizadas desde hace tiempo. Más recientemente se dio la gestión de la biblioteca de San Francisco en Pamplona a otra empresa privada.

Pero donde la externalización se ha extendido más es, precisamente, en la biblioteca cabecera de todo el sistema: la Biblioteca Nacional de España. Allí hay casi 500 empleados que dependen de unas empresas privadas que han conseguido jugosos contratos para realizar labores bibliotecarias en la BNE. Esta situación ha sido repetidamente denunciada por el grupo “No a la Privatización de la Biblioteca Nacional” que ha realizado muchas acciones de protesta contra la situación.

Y con esto ya entramos de lleno en la reacción que hemos tenido los y las bibliotecarias ante estas situaciones de recortes. Al igual que la marea verde educativa o la marea blanca sanitaria nosotros también tenemos nuestra marea y nuestro color. Se trata de la marea amarilla bibliotecaria que ha sido propagada desde la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en las Bibliotecas. Hay que entender que los bibliotecarios somos menos que los profesores o sanitarios pero aun así tenemos nuestras camisetas amarillas con las que vamos a las manifestaciones en defensa de los servicios públicos. Además hace poco nos hemos organizado con otros compañeros en la Plataforma en Defensa de la Cultura.

Hay protestas locales ante los cierres de sus bibliotecas

Otros grupos muy activos son el de la Plataforma COABDM (por la Creación de un Colegio de Archiveros, Bibliotecarios y Documentalistas de Madrid) y el de Index Murcia. En Murcia, precisamente, se llegó a crear el Comando de Liberación Bibliotecaria que “secuestró” unos libros para llamar la atención sobre la privatización y cierre de las bibliotecas murcianas.

Y por supuesto tenemos las protestas locales ante los cierres de sus bibliotecas. Así la mencionada clausura de la biblioteca de la FGSR en Salamanca provocó manifestaciones y actos culturales de protesta. Por su parte, el también citado, cierre de la biblioteca de Zaidín en Granada ha ocasionado unas persistentes acciones reivindicativas por parte de sus usuarios. Es un ejemplo más de como cerrar una biblioteca es una de las decisiones más impopulares que puede tomar un alcalde.”

#Pablo Pérez Casas. Bibliotecario de profesión y vocación. Ha trabajado en diferentes tipos de bibliotecas. Recuerda con agrado las bibliotecas públicas en las que ha estado como las de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Pero también ha disfrutado en bibliotecas universitarias (Carlos I, Complutense) o en la Biblioteca Regional de Madrid. Colabora con la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en las Bibliotecas.