Declaraciones de escritores en el periódico “Diagonal”

El periódico de actualidad crítica Diagonal, en su número 59 (del 19 de Julio al 5 de Septiembre de 2007), incluye un debate sobre la propiedad intelectual en el mundo del libro titulado Lecturas libres frente al canon, en el que Fernán Chalmeta plantea la siguiente pregunta a varios escritores: “¿Cómo valoráis medidas como el canon a las bibliotecas y la prohibición de préstamo público que incorporan ahora muchos libros?”. Reproducimos sus respuestas bajo licencia Creative Commons.

CARLOS TAIBO (PROFESOR Y ENSAYISTA)
“Estoy radicalmente en contra de ambas medidas, aunque entiendo que quien contempla la escritura como trabajo y como fuente de beneficios vea las cosas desde otra perspectiva. Trabar el crecimiento de las bibliotecas es a mi entender una aberración, y una medida contraproducente: lo único que se hace es acabar con eventuales lectores del futuro.”

ANTONIO ORIHUELA (POETA E HISTORIADOR)
“Es otra acometida más en la privatización de lo público. Una mala noticia para quienes creemos en el bien común pero estupenda para reafirmar y continuar con la naturalización de las políticas neoliberales.”

ENRIQUE FALCON (POETA)
“Bueno, son medidas increíblemente estúpidas. Me cuesta imaginar cómo a alguien se le ha podido ocurrir esto.”

SANTIAGO ALBA RICO (FILOSOFO Y ENSAYISTA)
“Si el lector es el enemigo, si es sospechoso de querer leer, si no se puede evitar que lo haga, al menos que pague por ello, como los que sólo quieren comprar. No me parece extraño, una vez se ha aceptado la lógica capitalista, que las mafias obliguen a pagar a los campesinos sus propias semillas y a los lectores sus propios pensamientos.”

Javier Gimeno Perelló: El gran negocio del copyright

Reproducimos un texto del autor Javier Gimeno Perelló sobre la gestión de los derechos de propiedad intelectual.

El gran negocio del copyright

El Centro español de Derechos Reprográficos (CEDRO), la sociedad gestora que gestiona los derechos de autor en España y de los autores españoles en el extranjero, acaba de hacer público su Informe Anual 2006 (curiosa y paradójicamente sin copyright). Las cifras dadas en el Informe son elocuentes y “cantan” por sí mismas: son la prueba palpable de que la propiedad intelectual y los derechos de autor suponen un gran negocio para las sociedades gestoras. El supuesto derecho al libre acceso a la información y al conocimiento se convierte en fuente inagotable de ingresos para los dueños de estas sociedades, empresas privadas que comercian con el deseo y la necesidad de los ciudadanos de informarse, de aprender, de estudiar, investigar o, naturalmente, de recrearse. Negocio tristemente avalado por los gobiernos nacionales y sus ministerios de educación o de cultura, y sostenido por la OMPI y el ADPIC.

Según el citado Informe de Cedro, la recaudación del ejercicio 2006 fue de 40.692.807,22 € (34,98% más que en 2005). Las vías de recaudación son las siguientes:

– Por compensación por la copia privada (canon a fotocopiadoras, escáneres y otros medios de reproducción): 38.887.073,20 €

– Por contraprestación por licencias de uso de obras del repertorio de Cedro: 1.400.000 €. Repartidos del siguiente modo:

o 59,47% recaudado en universidades españolas

o 31,30 % recaudado en copisterías

o 9,23% recaudado en bibliotecas, centros de enseñanza, etc.

– recaudación por reproducción de obras de titulares españoles en el extranjero: 410.000 €

En 2007, Cedro sumará a las cantidades correspondientes de este año, lo recaudado por los servicios de préstamo público de las bibliotecas, en cumplimiento de la Directiva Europea 92/100, “sobre derechos de alquiler y préstamo y otros derechos afines a los derechos de autor en el ámbito de la propiedad intelectual”, que obliga a las bibliotecas públicas y demás centros y servicios de documentación de los países miembros de la Unión Europea a pagar un canon por obra prestada.

Cedro se nutre del uso público que los lectores, investigadores, estudiantes y usuarios en general hacen de las publicaciones impresas o electrónicas: tal y como consta en el Informe anual, 722 establecimientos entre bibliotecas, colegios e institutos de enseñanza secundaria, colegios profesionales, empresas, etc. 634.700 usuarios son estudiantes universitarios. Salvo algunas empresas, la mayoría de estos usuarios no consultan documentos con fines comerciales, sino de estudio, investigación o entretenimiento.

Cedro inspeccionó 19 universidades y más de 3.800 establecimientos donde se realizan reprografías de documentos.

Según Cedro, en 2006 hubo 44 infracciones contra la propiedad intelectual en Internet:

– 34 descargas de material protegido de páginas web

– 2 por intercambio de archivos

– 8 por compraventa de soportes digitales

Según se afirma en el Informe, Cedro elevó 49 causas a los tribunales, de las cuales se fallaron 22 sentencias a su favor.

Lillian Álvarez, en su magnífico estudio “Derecho de ¿autor?: el debate de hoy” (Ed. de CC: Sociales, La Habana 2006 y edición libre en Internet), señala que el derecho de autor, “consecuente con los intereses de las clases y grupos económicamente dominantes —ese intermediario que subordina todo el sistema a sus intereses mercantiles y ese consumidor interesado en lo que la obra aporte como ganancia— ha quedado anclado en la protección de la obra de arte-mercancía, y si ha tratado de asimilar los cambios ha sido intentando buscar un asidero material, un boceto que exprese la idea, capaz de sustituir ese objeto artístico material transformado o ausente. (p. 45)

En ese orden de cosas, la declaración de principios de la Red “En defensa del conocimiento y la cultura para todos” (incluida en el citado libro de L.Álvarez) sostiene que “El derecho de autor como derecho humano debe llevar implícito el equilibrio entre el derecho del autor sobre su obra y el derecho de la sociedad a tener acceso a ella. Este equilibrio ha sido roto, no a favor de los autores ni de la sociedad, sino a favor de quienes ejercen los derechos a nombre de los autores, o sea, de los cada vez más grandes monopolios de la industria editorial y del entretenimiento. El ejercicio de los monopolios exclusivos que otorga la legislación de propiedad intelectual entra frecuentemente en contradicción con el ejercicio de otros derechos humanos tan importantes como el derecho a la salud, a la vida y a la educación, y son estos los que salen perdiendo.

Cualquier parecido con lo real es cruda realidad.

Lista actualizada de autores y autoras contra el canon

Tras la recopilación de nuevas firmas durante la pasada Feria del Libro en Madrid, esta es la lista actualizada de autores y autoras que se han adherido, hasta ahora, al manifiesto contra el pago por préstamo de sus obras en las bibliotecas.

  1. Andrés Aberasturi
  2. Joaquín Mª Aguirre Romero
  3. Santiago Alba Rico
  4. Samuel Alonso Omeñaca
  5. Francisco Altemir
  6. Irene Amador
  7. Nuria Amat
  8. Enriqueta Antolín
  9. Javier Azpeitia
  10. Fernando Báez
  11. José Manuel Baraibar
  12. Luis Bartolomé Marcos
  13. Andrés Berlanga
  14. Juan Antonio Bermúdez Bermúdez
  15. Gloria Berrocal
  16. Marcel Bertolesi
  17. Marina Berzosa Cañadas
  18. Shanti Barrios Fernández
  19. Angel Luis Calle
  20. Rita Candame
  21. Pedro Carrillo Rubio
  22. Manuel Carrión Gútiez
  23. Miguel Casado Mozo
  24. Juan José Castillo Alonso
  25. Miguel Ángel Cebrián Martín
  26. Inmaculada Chacón
  27. Fernando Chacón Fuertes
  28. Javier Climento Ortiz
  29. Pepe Colubi
  30. Flavia Company Navau
  31. Emilia Currás
  32. Coché Echarren
  33. Juan Echenique Pérsico
  34. Lucía Etxebarria
  35. Nacho Faerna García Bermejo
  36. José Luis Fernández Cabo
  37. Carlo Frabetti
  38. Amelia Gamoneda Lanza
  39. Javier García Blanco
  40. Ernesto García Camarero
  41. Juan García Campal
  42. Olvido García Valdés
  43. Carlos Giménez
  44. Javier Gimeno Perelló
  45. Ricardo Gómez
  46. José A. Gómez Hernández
  47. Julio Gómez-Alba Ruiz
  48. Ángel González Quesada
  49. Antonio González-Capitel
  50. Belén Gopegui
  51. Juan Gracia Armendáriz
  52. Almudena Grandes
  53. Agustín Hernández
  54. Mili Hernández García
  55. Óscar Herradón Ameal
  56. Yusuf Idris
  57. Andrés Jaque
  58. Tatiana Karsen
  59. Carlos Lapeña Morón
  60. Emilio Lledó
  61. Pedro López López
  62. Miguel Ángel López Muñoz
  63. Raquel Lozano Paris
  64. Igor Lugris Alvares
  65. Marcelo Luján
  66. Juan Madrid
  67. Mª Angeles Maeso
  68. Antonio F. Marín Gonzalez
  69. Gustavo Martín Garzo
  70. Jesús Martín Jiménez
  71. Antonio Martínez Menchén
  72. Luis Mateo Díez
  73. Regino Mateo Pardo
  74. Óscar Maya Corzo
  75. José Antonio Millán
  76. José Morán Ortí
  77. Gonzalo Moure
  78. Zapopan Martín Muela Meza
  79. Pilar Muñoz López
  80. Andrés Neuman
  81. Pedro del Olmo García
  82. Luis Oporto Ordoñez
  83. Jaime Pastor Verdú
  84. José María Pérez Zúñiga
  85. Lucrecia Pérsico
  86. James Petras
  87. Benjamín Prado
  88. Paul Preston
  89. Xavier Puente DoCampo
  90. Juan Antonio Ramírez
  91. Iván Reguera Pascual
  92. Rafael Reig
  93. César Rendueles
  94. Paz Rodero
  95. Jesús Rodríguez Cortezo
  96. Pedro Rojo Pérez
  97. Vicente Romano
  98. Isaac Rosa
  99. Sara Rosenberg
  100. Lina Ru
  101. Javier Sábada
  102. Waleed Saleh
  103. José Luis Sampedro
  104. Marta Sanz Pastor
  105. Fernando Sanz Santa Cruz
  106. Francisco Serradilla
  107. Pascual Serrano
  108. Germán Sierra Paredes
  109. Jordi Sierra I Fabra
  110. Francisco Solano
  111. Norma Sturniolo
  112. Carlos Taibo Arias
  113. Manuel Talens
  114. Maruja Torres
  115. Raul Tristán
  116. Javier Úbeda Fernández
  117. José Ramón Urquijo Gotilla
  118. Alejandra Vallejo-Nágera
  119. Carlos Varea
  120. Julia Varela Fernández
  121. Inmaculada Vellosillo González
  122. Agustín Velloso
  123. Antonio Ventura Fernández
  124. Francisco Vidal Castro
  125. Domingo Villar Vázquez
  126. Isabel Wences
  127. Elena Yágüez Pérez

José María Pérez Zúñiga: Contra el canon

Reproducimos, con permiso de su autor, el artículo de José María Pérez Zúñiga publicado en el diario Ideal de Granada.

Contra el canon

Las bibliotecas son las residencias de la cultura, y pedir un canon por el préstamo de un libro es como cobrar una entrada, ofrecer a tu invitado una charla amable para exigir que te la compre después, convertir a los autores en ladrones de la palabra y a los lectores en cómplices de un delito de apropiación indebida, pues el lenguaje y la inteligencia no son de nadie, aunque algunas Administraciones pretendan convencernos de lo contrario. Lógicamente el autor y el editor deben cobrar por su trabajo, pero cuando un libro llega a una biblioteca ha saltado una barrera, del mismo modo que pasados 70 años desde su muerte los derechos sobre la propiedad intelectual de un autor pasan a ser de la humanidad, al fin y al cabo la fuente de la que el primero bebió y que le permitió escribir una obra que se unirá a la larga senda del conocimiento humano, en la que los escritores ostentamos un muy modesto papel. La Biblioteca de Andalucía, sin ir más lejos, es una suerte de templo donde se encuentran lectores y escritores, donde coinciden presentaciones de libros y lecturas solitarias, el enfermo de literatura y el visionario, muchos padres con sus hijos para que éstos puedan también aprehender el mundo a través del papel. Sin embargo, en la ‘Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas’, ley elaborada a instancias de una directiva europea y que ya está en el Parlamento, se va a incluir el préstamo de pago; concretamente, las bibliotecas tendrán que abonar 20 céntimos por libro prestado, en lo que es una aplicación demasiado rigurosa de la normativa existente sobre propiedad intelectual, cuando no un caso flagrante de doble imposición, paradójicamente en este caso por parte de unos particulares -editor y autor-, aunque auspiciada por el Estado. Pues la realidad es que ese libro se ha tenido que pagar previamente para que llegue a una biblioteca, con lo que ya están cobrando sus derechos tanto la editorial como el autor. Y no nos vale tampoco el argumento de que va a ser el Estado quien se haga cargo de pagar ese canon -si es así finalmente-, pues a nadie se le escapa que ninguna Administración presta un servicio público que no sea sufragado de un modo u otro con los tributos de los ciudadanos. Por otra parte, un escritor a lo que aspira es a que le lean, y en este sentido somos los escritores los que estamos en deuda con las bibliotecas y sus funcionarios. Tanto quejarnos del descenso del nivel cultural en nuestra sociedad, de las dificultades de las políticas de fomento de la lectura, y ahora vamos a introducir una traba más, guiados únicamente por esa ley universal del lucro exagerado. Soy miembro de CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) y publico en una editorial que forma parte de un gran grupo comercial, los dos grandes beneficiados -entidades gestoras y editoriales- de esta medida ‘comercial’. Pero me niego -como muchos otros escritores- a que en mi nombre se materialice esta nueva expresión del mercantilismo inane de la cultura. Ésta no se encuentra en el bolsillo de nadie, sino en nuestro corazón y en nuestras cabezas. ¿No al préstamo de pago en las bibliotecas!

Autores contra el canon por préstamo de libros

NO AL CANON POR EL PRÉSTAMO DE LIBROS

Nota: dispone de una lista más actualizada en:

Autores contra el canon

Las escritoras y los escritores abajo firmantes, conscientes de la importantísima función social de las bibliotecas públicas y de nuestra deuda con ellas, nos negamos rotundamente a cobrar un canon por el préstamo de nuestros libros.

Las bibliotecas prestan un servicio público de primerísimo orden; que ahora se pretenda hacerles pagar por cada préstamo efectuado es sencillamente inadmisible, y no vamos a permitir que se haga en nuestro nombre, cuando los verdaderos beneficiarios de esta medida serían las grandes editoriales y las entidades gestoras de (supuestamente) los derechos de los autores.

Nos negamos a servir de coartada a esta nueva maniobra de mercantilización de la cultura, y exigimos que no se cobre canon alguno por el préstamo de nuestros libros.

(Puede adherirse en nuestra página de adhesiones).

  1. Andrés Aberasturi
  2. Joaquín Mª Aguirre Romero
  3. Santiago Alba Rico
  4. Samuel Alonso Omeñaca
  5. Francisco Altemir
  6. Irene Amador
  7. Nuria Amat
  8. Miguel Ángel López Muñoz
  9. Enriqueta Antolín
  10. Javier Azpeitia
  11. Fernando Báez
  12. José Manuel Baraibar
  13. Luis Bartolomé Marcos
  14. Andrés Berlanga
  15. Juan Antonio Bermúdez Bermúdez
  16. Gloria Berrocal
  17. Marcel Bertolesi
  18. Shanti Barrios Fernández
  19. Angel Luis Calle
  20. Rita Candame
  21. Pedro Carrillo Rubio
  22. Manuel Carrión Gútiez
  23. Miguel Casado Mozo
  24. Juan José Castillo Alonso
  25. Miguel Ángel Cebrián Martín
  26. Fernando Chacón Fuertes
  27. Javier Climento Ortiz
  28. Pepe Colubi
  29. Flavia Company Navau
  30. Emilia Currás
  31. Coché Echarren
  32. Juan Echenique Pérsico
  33. Lucía Etxebarria
  34. Nacho Faerna García Bermejo
  35. José Luis Fernández Cabo
  36. Carlo Frabetti
  37. Amelia Gamoneda Lanza
  38. Javier García Blanco
  39. Ernesto García Camarero
  40. Juan García Campal
  41. Olvido García Valdés
  42. Javier Gimeno Perelló
  43. Ricardo Gómez
  44. José A. Gómez Hernández
  45. Julio Gómez-Alba Ruiz
  46. Ángel González Quesada
  47. Antonio González-Capitel
  48. Belén Gopegui
  49. Juan Gracia Armendáriz
  50. Agustín Hernández
  51. Óscar Herradón Ameal
  52. Yusuf Idris
  53. Andrés Jaque
  54. Tatiana Karsen
  55. Carlos Lapeña Morón
  56. Emilio Lledó
  57. Pedro López López
  58. Raquel Lozano Paris
  59. Igor Lugris Álvares
  60. Juan Madrid
  61. Mª Ángeles Maeso
  62. Antonio F. Marín Gonzalez
  63. Gustavo Martín Garzo
  64. Jesús Martín Jiménez
  65. Antonio Martínez Menchén
  66. Luis Mateo Díez
  67. Regino Mateo Pardo
  68. Óscar Maya Corzo
  69. José Antonio Millán
  70. Gonzalo Moure
  71. Zapopan Martín Muela Meza
  72. Pilar Muñoz López
  73. Andrés Neuman
  74. Pedro del Olmo García
  75. Luis Oporto Ordoñez
  76. Jaime Pastor Verdú
  77. José María Pérez Zúñiga
  78. Lucrecia Pérsico
  79. James Petras
  80. Xavier Puente DoCampo
  81. Juan Antonio Ramírez
  82. Iván Reguera Pascual
  83. Rafael Reig
  84. César Rendueles
  85. Pedro Rojo Pérez
  86. Vicente Romano
  87. Isaac Rosa
  88. Sara Rosenberg
  89. Lina Ru
  90. Javier Sábada
  91. Waleed Saleh
  92. José Luis Sampedro
  93. Fernando Sanz Santa Cruz
  94. Marta Sanz Pastor
  95. Francisco Serradilla
  96. Pascual Serrano
  97. Germán Sierra Paredes
  98. Jordi Sierra I Fabra
  99. Francisco Solano
  100. Carlos Taibo Arias
  101. Manuel Talens
  102. Maruja Torres
  103. Raul Tristán
  104. Javier Úbeda Fernández
  105. José Ramón Urquijo Goitia
  106. Carlos Varea
  107. Julia Varela Fernández
  108. Inmaculada Vellosillo González
  109. Agustín Velloso
  110. Antonio Ventura Fernández
  111. Francisco Vidal Castro
  112. Domingo Villar Vázquez
  113. Isabel Wences
  114. Elena Yágüez Pérez

José Antonio Millán: La noche del eclipse

Nos dedica José Antonio Millán, desde El Blog del Futuro del Libro, el artículo que reproducimos.

La noche del eclipse

En la noche de ayer, mientras observaba el precioso eclipse de luna y me ejercitaba en las difíciles artes de la fotografía astronómica (váse la muestra). me vinieron a la mente imágenes que no tenían mucho que ver con los cuerpos celestes.

La redacción de la entrada de ayer sobre el canon de las bibliotecas me había llevado a leer la pieza de José Luis Sampedro, y algo en ese proceso me activó el centro de la memoria relacionado con ellas, de modo que estuve parte del día de ayer (y de la noche) recordando, a veces involuntariamente, las muchas bibliotecas por las que he pasado.

La primera de todas, en Valdepeñas (lugar en el que pasé unos años de la infancia): recuerdo cómo mi madre me llevó a la biblioteca, me presentó a su encargada y, tras mencionarle algunos libros que había leído cuando tenía mi edad, me dejó librado a mi curiosidad y a los buenos oficios de la bibliotecaria. Iba una tarde a la semana (¿los jueves?) y ahí leí muchísimo.

Mi segundo recuerdo es en los años 70, cuando de la mano de mi carnet universitario pude entrar en la Biblioteca Nacional de Madrid, y en la de la sección filológica del Consejo Superior de Invetigaciones Científicas de Duque de Medinaceli. En la primera de ellas leí la trilogía de Asimov, Fundación, no sin despertar la suspicacia de los empleados, que insistían en que no se podían leer “novelas”. “¡Señor mío!”, creo recordar que dije, “es para un trabajo de curso sobre la Utopía de la asignatura de Antropología Filosófica!”. “Ah, bueno…!”, me respondió, pero en sus ojillos sabios de empleado antiguo pude ver que quedaba prendida una chispa de duda…

En el Consejo me leí todas las novelas de los Siglos de Oro, una tras otra, y fue por lo siguiente: nuestro profesor, Juan Manuel Rozas (qué maravilla la Wikipedia, que ha permitido crearle una entrada), había señalado la existencia en una obra de un escritor a caballo entre el XVI y el XVII de un curioso vocabulario teatral (cambaleo, bululú, etc.) y había propuesto como trabajo de curso averiguar si eran usos específicos del autor, o si eran palabras de uso más extendido. No se me podrá acusar de enemigo de los textos digitales, esa revolución, pero entonces no los había, y siempre bendeciré es circunstancia, que me obligó a leerme, uno tras otro, incontables libros, rastreando esas palabras… y de paso encontrando muchas otras, por serendipia.

Una circunstancia de las bibliotecas del Consejo era el empecinamiento funcionarial en hacerme rellenar (a mí, que iba diariamente) cada vez, para pedir cada libro, una ficha completa con todos mis datos. Vivía entonces en la calle Infanta María Teresa, de larguísima escritura, y recuerdo que escogí entre mis domicilios anteriores el de calle más breve, y, así, fue la calle Huesca la que figuró en todas mis fichas…

Y me pararé aquí, por el momento.

Uno de los agravios que siento ante el canon por préstamo de libros es como autor. Durante años, uno de mis placeres al publicar un libro era no sólo verlo en las librerías, sino pensar que esperaría a otros lectores en bibliotecas de pueblo, de barrio o de universidad. Esto era parte del pacto implícito entre el autor y el Estado, el sistema, o llámese como se quiera: que mis libros quedarían gratuitamente a disposición de quien quisiera leerlos. Es un abuso romper ese pacto unilateralmente, ni aunque el dinero del canon lo pague directamente el Estado, en vez del lector (hasta ahí podíamos llegar…).

Uno de los problemas de estos cánones (y pienso también en el que grava los dispositivos idóneos para la copia no autorizada) es su carácter estadístico, en las trampas sinecdóquicas que plantea: “hay gente que copia, luego que paguen todos los que podrían copiar.. ya calcularemos cuánto”. Con este canon bibliotecario propongo un acuerdo: los autores que editamos antes de su existencia podremos ser leídos gratuitamente, sin ninguna contraprestación. Quienes publiquen a partir de ahora, que digan claramente si quieren percibir dinero por el préstamo de sus libros.

Parece justo, ¿no?

José Luis Sampedro: Por la lectura

Reproducimos el artículo enviado por José Luis Sampedro en contra del préstamo de pago en bibliotecas.

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.

Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.

En la vida corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio

b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?

Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.

Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro

Belén Gopegui: Otra lógica

Texto de la intervención de la autora Belén Gopegui en las II Jornadas contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas. Se publica bajo licencia Creative Commons by-nc-nd.

La barbarie es más estable que la justicia. La justicia exige atención, cuidado y voluntad de contrarrestar fuerzas e influencias a fin de lograr un equilibrio incierto y sin embargo valioso.

En la opresión, en la violencia, no es preciso el equilibrio, así también dispara el cazador al pato que vuela y el pato cae y hay en su muerte aumento del desorden pero hay, al mismo tiempo, estabilidad, facilidad. Lo que en el aire fue promesa de itinerarios, incertidumbre, vida, ahora es un peso muerto que puede, además, ser vendido y comprado.

Las bibliotecas públicas no son la barbarie. Las bibliotecas públicas son espacios delicados, vulnerables, de justicia.

«Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes, y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Sólo ve la amplitud de un horizonte que parece infinito […]. De todos modos, se muestra el camino con escollos que, aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar, para llegar a la meta; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de los otros», escribió Ernesto Che Guevara. Esa carrera de lobos es la barbarie. Las bibliotecas públicas son uno de los pocos lugares que, dentro del capitalismo, escapan a la lógica según la cual llegar, obtener, consumir supone siempre hacerlo sobre el fracaso de otros.

No hay mercancía en la biblioteca. Prestar un libro en una biblioteca pública, más allá de la producción material del libro o de la situación administrativa de cada biblioteca, no es un acto que se se realice contra los otros, ni sobre su carencia, su explotación, su fracaso. El libro que lee el lector o la lectora en la biblioteca a nadie falta, el acto de prestar un libro es, como decía, un acto de justicia y no el fruto de una transacción económica siempre desigual en el contexto de un mercado capitalista. Continúa leyendo Belén Gopegui: Otra lógica

Andrés Aberasturi: Suicidio cultural

Por Andrés Aberasturi.

(Reproducimos, con permiso del autor, el contenido de su artículo publicado en diariocritico.com).

Se vuelve a trabajar en alguna comisión del Congreso sobre una directiva europea disparatada y bastante más seria y trascendente que la opas: el pago que se pretende que hagan las bibliotecas por cada libro que presten, una especie de canon que cobrarán las editoriales y una extraña representación de autores en la que no sé hasta que punto son todos los que están, pero que, desde luego, en absoluto están -ni de lejos- todos los que realmente son.

La mayoría de las bibliotecas de nuestro país son públicas y se mantienen gracias al trabajo ilusionado de los/las bibliotecarias y al empeño de muchos buenos maestros que incitan a la lectura. ¿Los fondos para compras? Pregunten y se sonrojarán: en la mayoría de los casos apenas hay dinero. Y lo cierto es que ya casi todos los pueblos, por pequeños que sean, cuenten con su biblioteca y lo que es aun más importante: casi siempre que vas, están animadas, con gente, con vida. A una generación como la nuestra se nos pone, ante este panorama, esa sonrisa tontorrona de la ilusión en el futuro, de la esperanza en una generación que no solo se da a la play station sino también -y muchas veces una cosa lleva a la otra- al libro-de-toda-la-vida. Continúa leyendo Andrés Aberasturi: Suicidio cultural

El escritor y bibliotecario Carlos Lapeña se manifiesta contra el canon por préstamos bibliotecarios

Carlos Lapeña Morón (Cuenca, 1962), autor de literatura infantil y juvenil y de poesía, bibliotecario de la Biblioteca Municipal “Gloria Fuertes” de Parla (Madrid), escribía en Educación y Biblioteca (n. 156, noviembre-diciembre 2006) el artículo “A vueltas con el canon” que finaliza con la siguiente frase:

En cualquier caso, seguiremos apostando por un préstamo libre de impuestos, hasta que la situación bibliotecaria española sea como merecemos y más allá”.

Carlos Lapeña en Educación y Biblioteca