José Antonio Millán: La noche del eclipse
Marzo 4, 2007 on 10:50 am | En Autores contra el canon | No hay comentariosNos dedica José Antonio Millán, desde El Blog del Futuro del Libro, el artículo que reproducimos.
La noche del eclipse
En la noche de ayer, mientras observaba el precioso eclipse de luna y me ejercitaba en las difíciles artes de la fotografía astronómica (váse la muestra). me vinieron a la mente imágenes que no tenían mucho que ver con los cuerpos celestes.
La redacción de la entrada de ayer sobre el canon de las bibliotecas me había llevado a leer la pieza de José Luis Sampedro, y algo en ese proceso me activó el centro de la memoria relacionado con ellas, de modo que estuve parte del día de ayer (y de la noche) recordando, a veces involuntariamente, las muchas bibliotecas por las que he pasado.
La primera de todas, en Valdepeñas (lugar en el que pasé unos años de la infancia): recuerdo cómo mi madre me llevó a la biblioteca, me presentó a su encargada y, tras mencionarle algunos libros que había leído cuando tenía mi edad, me dejó librado a mi curiosidad y a los buenos oficios de la bibliotecaria. Iba una tarde a la semana (¿los jueves?) y ahí leí muchísimo.
Mi segundo recuerdo es en los años 70, cuando de la mano de mi carnet universitario pude entrar en la Biblioteca Nacional de Madrid, y en la de la sección filológica del Consejo Superior de Invetigaciones Científicas de Duque de Medinaceli. En la primera de ellas leí la trilogía de Asimov, Fundación, no sin despertar la suspicacia de los empleados, que insistían en que no se podían leer “novelas”. “¡Señor mío!”, creo recordar que dije, “es para un trabajo de curso sobre la Utopía de la asignatura de Antropología Filosófica!”. “Ah, bueno…!”, me respondió, pero en sus ojillos sabios de empleado antiguo pude ver que quedaba prendida una chispa de duda…
En el Consejo me leí todas las novelas de los Siglos de Oro, una tras otra, y fue por lo siguiente: nuestro profesor, Juan Manuel Rozas (qué maravilla la Wikipedia, que ha permitido crearle una entrada), había señalado la existencia en una obra de un escritor a caballo entre el XVI y el XVII de un curioso vocabulario teatral (cambaleo, bululú, etc.) y había propuesto como trabajo de curso averiguar si eran usos específicos del autor, o si eran palabras de uso más extendido. No se me podrá acusar de enemigo de los textos digitales, esa revolución, pero entonces no los había, y siempre bendeciré es circunstancia, que me obligó a leerme, uno tras otro, incontables libros, rastreando esas palabras… y de paso encontrando muchas otras, por serendipia.
Una circunstancia de las bibliotecas del Consejo era el empecinamiento funcionarial en hacerme rellenar (a mí, que iba diariamente) cada vez, para pedir cada libro, una ficha completa con todos mis datos. Vivía entonces en la calle Infanta María Teresa, de larguísima escritura, y recuerdo que escogí entre mis domicilios anteriores el de calle más breve, y, así, fue la calle Huesca la que figuró en todas mis fichas…
Y me pararé aquí, por el momento.
Uno de los agravios que siento ante el canon por préstamo de libros es como autor. Durante años, uno de mis placeres al publicar un libro era no sólo verlo en las librerías, sino pensar que esperaría a otros lectores en bibliotecas de pueblo, de barrio o de universidad. Esto era parte del pacto implícito entre el autor y el Estado, el sistema, o llámese como se quiera: que mis libros quedarían gratuitamente a disposición de quien quisiera leerlos. Es un abuso romper ese pacto unilateralmente, ni aunque el dinero del canon lo pague directamente el Estado, en vez del lector (hasta ahí podíamos llegar…).
Uno de los problemas de estos cánones (y pienso también en el que grava los dispositivos idóneos para la copia no autorizada) es su carácter estadístico, en las trampas sinecdóquicas que plantea: “hay gente que copia, luego que paguen todos los que podrían copiar.. ya calcularemos cuánto”. Con este canon bibliotecario propongo un acuerdo: los autores que editamos antes de su existencia podremos ser leídos gratuitamente, sin ninguna contraprestación. Quienes publiquen a partir de ahora, que digan claramente si quieren percibir dinero por el préstamo de sus libros.
Parece justo, ¿no?
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| Añadir a TechnoratiJosé Luis Sampedro: Por la lectura
Marzo 2, 2007 on 12:33 pm | En Autores contra el canon | 2 comentariosReproducimos el artículo enviado por José Luis Sampedro en contra del préstamo de pago en bibliotecas.
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.
Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.
En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
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| Añadir a TechnoratiBelén Gopegui: Otra lógica
Febrero 28, 2007 on 2:17 pm | En Autores contra el canon | 1 comentarioTexto de la intervención de la autora Belén Gopegui en las II Jornadas contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas. Se publica bajo licencia Creative Commons by-nc-nd.
La barbarie es más estable que la justicia. La justicia exige atención, cuidado y voluntad de contrarrestar fuerzas e influencias a fin de lograr un equilibrio incierto y sin embargo valioso.
En la opresión, en la violencia, no es preciso el equilibrio, así también dispara el cazador al pato que vuela y el pato cae y hay en su muerte aumento del desorden pero hay, al mismo tiempo, estabilidad, facilidad. Lo que en el aire fue promesa de itinerarios, incertidumbre, vida, ahora es un peso muerto que puede, además, ser vendido y comprado.
Las bibliotecas públicas no son la barbarie. Las bibliotecas públicas son espacios delicados, vulnerables, de justicia.
«Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes, y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Sólo ve la amplitud de un horizonte que parece infinito […]. De todos modos, se muestra el camino con escollos que, aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar, para llegar a la meta; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de los otros», escribió Ernesto Che Guevara. Esa carrera de lobos es la barbarie. Las bibliotecas públicas son uno de los pocos lugares que, dentro del capitalismo, escapan a la lógica según la cual llegar, obtener, consumir supone siempre hacerlo sobre el fracaso de otros.
No hay mercancía en la biblioteca. Prestar un libro en una biblioteca pública, más allá de la producción material del libro o de la situación administrativa de cada biblioteca, no es un acto que se se realice contra los otros, ni sobre su carencia, su explotación, su fracaso. El libro que lee el lector o la lectora en la biblioteca a nadie falta, el acto de prestar un libro es, como decía, un acto de justicia y no el fruto de una transacción económica siempre desigual en el contexto de un mercado capitalista. Seguir leyendo Belén Gopegui: Otra lógica…
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| Añadir a TechnoratiAndrés Aberasturi: Suicidio cultural
Febrero 24, 2007 on 10:00 am | En Autores contra el canon | No hay comentariosPor Andrés Aberasturi.
(Reproducimos, con permiso del autor, el contenido de su artículo publicado en diariocritico.com).
Se vuelve a trabajar en alguna comisión del Congreso sobre una directiva europea disparatada y bastante más seria y trascendente que la opas: el pago que se pretende que hagan las bibliotecas por cada libro que presten, una especie de canon que cobrarán las editoriales y una extraña representación de autores en la que no sé hasta que punto son todos los que están, pero que, desde luego, en absoluto están -ni de lejos- todos los que realmente son.
La mayoría de las bibliotecas de nuestro país son públicas y se mantienen gracias al trabajo ilusionado de los/las bibliotecarias y al empeño de muchos buenos maestros que incitan a la lectura. ¿Los fondos para compras? Pregunten y se sonrojarán: en la mayoría de los casos apenas hay dinero. Y lo cierto es que ya casi todos los pueblos, por pequeños que sean, cuenten con su biblioteca y lo que es aun más importante: casi siempre que vas, están animadas, con gente, con vida. A una generación como la nuestra se nos pone, ante este panorama, esa sonrisa tontorrona de la ilusión en el futuro, de la esperanza en una generación que no solo se da a la play station sino también -y muchas veces una cosa lleva a la otra- al libro-de-toda-la-vida. Seguir leyendo Andrés Aberasturi: Suicidio cultural…
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| Añadir a TechnoratiEl escritor y bibliotecario Carlos Lapeña se manifiesta contra el canon por préstamos bibliotecarios
Febrero 17, 2007 on 11:12 pm | En Autores contra el canon | No hay comentariosCarlos Lapeña Morón (Cuenca, 1962), autor de literatura infantil y juvenil y de poesía, bibliotecario de la Biblioteca Municipal “Gloria Fuertes” de Parla (Madrid), escribía en Educación y Biblioteca (n. 156, noviembre-diciembre 2006) el artículo “A vueltas con el canon” que finaliza con la siguiente frase:
En cualquier caso, seguiremos apostando por un préstamo libre de impuestos, hasta que la situación bibliotecaria española sea como merecemos y más allá”.
Carlos Lapeña en Educación y Biblioteca
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| Añadir a TechnoratiEl premio Nobel de literatura, Dario Fo, contra la directiva europea relativa al canon por préstamos bibliotecarios
Febrero 17, 2007 on 11:11 pm | En Autores contra el canon | No hay comentariosDario Fo (Italia, 1926), actor y dramaturgo italiano, famoso por sus controvertidas obras políticas, ha mostrado una y otra vez su apoyo a los bibliotecarios italianos que luchan contra la implantación de un canon por préstamos en bibliotecas. Lean el siguiente documento que resume el contenido del vídeo disponible en www.nopago.org/documenti/dariofo/fo.wmv
Darío Fo en Educación y Biblioteca
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| Añadir a TechnoratiManifiesto de autores en defensa del préstamo en bibliotecas
Septiembre 18, 2005 on 9:49 pm | En Autores contra el canon | No hay comentariosAnte el anunciado proyecto de estipular que los autores y editores cobren derechos por los préstamos de libros efectuados en las bibliotecas públicas, los y las abajo firmantes queremos expresar nuestra más enérgica oposición a una medida que -pese a algunas declaraciones demagógicas al respecto-, incidiría inevitablemente en los ya de por sí exiguos presupuestos de las bibliotecas (como ha sucedido con el IVA y con otros gravámenes recientes).
El argumento de que los autores, al poderse leer gratis sus libros en las bibliotecas, pierden compradores, es una burda falacia. Muy al contrario, las bibliotecas dan a conocer los libros, los promocionan y permiten que estén en circulación durante años, en un momento en que en las librerías solo duran, en el mejor de los casos, algunos meses. Y esto permite mantener viva la presencia de muchos autores que, de otro modo, desaparecerían casi por completo del panorama literario.
Por otra parte, las bibliotecas, tanto por su actividad principal como por sus numerosas actividades secundarias (organización y seguimiento de clubes de lectores, seminarios, talleres, conferencias, exposiciones, encuentros con autores, etc.), fomentan y apoyan la afición a la lectura más que ninguna otra institución pública o privada, lo que también redunda directamente en beneficio de los autores.
Cuando una biblioteca compra un libro, no solo abona los correspondientes derechos de autor, sino que además invierte espacio, tiempo y recursos en catalogar, preparar para el préstamo y almacenar ese libro, convirtiéndose, de este modo, en la mejor aliada de autores y editores. Exigirles a las bibliotecas que, además, paguen un canon por prestar los libros -es decir, por prestar un servicio público de primer orden- es, más que un disparate, un ataque contra la cultura.
Seguir leyendo Manifiesto de autores en defensa del préstamo en bibliotecas…
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