Carta de amor a la biblioteca del escritor Ray Bradbury.

Vía Defensa Bibliotecaria, BST descubre la bella carta de amor que el recientemente fallecido escritor Ray Bradbury escribió a la biblioteca pública donde comenzó a escribir su famosa obra Fahrenheit 451:

Ray Bradbury, 1920-2012 [Tomado del blog de la Biblioteca del Instituto de Ingeniería Eléctrica de Uruguay]

Con motivo de la triste noticia que nos reservó esta semana, publicamos una carta de Ray Bradbury a la directora de la Fayetteville Public Library. Fotografía y carta tomadas de Letters of Note de Shawn Usher, traducción JD. Hacer click sobre la imagen de la carta para verla en tamaño completo.

15 de setiembre de 2006

Estimada Shawna Thorup:

Me alegra saber que ustedes, buena gente, estarán celebrando mi libro “Fahrenheit 451.” Pensé que podría interesarles saber cómo su primera versión, de 25.000 palabras que se publicó en una revista, fue hecha.

Necesitaba una oficina y no tenía dinero para pagarla. Entonces, un día, estaba paseando por el campus de UCLA y escuché el ruido de máquinas de escribir desde el subsuelo de la biblioteca. Descubrí que allí había un salón donde uno podía alquilar una máquina de escribir por 10 centavos la media hora. Me mudé a esa sala junto a un grupo de estudiantes y mi bolsa de moneditas, cuyo contenido ascendía a 9,80 dólares, y que gasté para crear la versión de 25.000 palabras de “The Fireman” (El Bombero) en nueve días. ¿Cómo pude escribir tantas palabras tan rápido? Gracias a la biblioteca. Todos mis amigos, los más queridos, estaban en los estantes arriba del subsuelo y gritaban, chillaban y vociferaban que fuera creativo. Así que corría escaleras arriba para encontrar libros y citas para incluir en mi novela “Fireman”. Se puede imaginar cuán emocionante fue escribir un libro sobre la quema de libros, en presencia de mis amados en los estantes. Era la forma perfecta de ser creativo; ése es el efecto de la biblioteca.

Espero que haya disfrutado la lectura de mi producto, que aumentó unos años más tarde y se volvió popular, gracias a Dios, entre mucha gente.

Con mis mejores deseos,

(Firmado)’

 

Carta de despedida agradecida a la biblioteca de Bankia que cierran en Villaverde (Madrid)

Bibliotecaria Sin Tijeras ha leído en el diario 20Minutos esta emotiva carta de despedida a una de las muchas bibliotecas que Caja Madrid -Bankia está cerrando:

Gracias, biblioteca

Como tantas veces en los últimos 35años, hoy he ido a coger un libro en la biblioteca de la Obra Social de Cajamadrid (ahora Bankia).Cuando me iba, el bibliotecario me ha advertido que quizá mi querida biblioteca no esté abierta cuando intente devolverlo.

Según parece, mantenerla funcionando no es compatible con las renovadas necesidades de eficiencia económica de sus patrocinadores.

Aún recuerdo, siendo un crío, cuando abrieron la que continúa siendo la única biblioteca de mi barrio de Villaverde Bajo. Recuerdo las colecciones completas de Los Cinco y Los Hollister, que devoré uno tras otro en mi infancia, a Ende, a Delibes, a Forsyth, a Follet, a tantos y tantos otros. Recuerdo mi carné azul infantil de cartulina, luego el amarillo y ahora el moderno, con código de barras; las horas de lectura y de estudio, los talleres de animación a la lectura, los cuentacuentos…

Es una pena que en un barrio necesitado de estímulos nos quiten una de las pocas referencias culturales que tenemos.

Por tantas cosas, gracias.

Juan Carlos Sánchez Hernández’.

 

Cosas que nos dejó el Día del Libro (I): Más cartas de amor a la biblioteca.

Nos han llegado más cartas de amor que han convertido este Día del Libro en un auténtico San Valentín bibliotecario. Esta es la de Blanca Calvo:

‘Siempre hemos vivido juntas, biblioteca. Desde que me concibió mi madre, que trabajaba para ti, o en ti, o contigo. Durante nueve meses te visité todos los días, y también después, de niña, y de estudiante, cuando era más importante para mí ligar que estudiar y tú, siempre comprensiva, me ayudabas en lo uno y en lo otro. Tu olor y tu calor me han acompañado cada día de mi vida, quizá por eso me captaste y al acabar los estudios te elegí para trabajar yo también para ti, o en ti, o contigo.

He criado a mis hijos en tu seno y he asistido a tu propio crecimiento, que te ha llevado a extenderte por toda una ciudad. Hemos compartido alguna tristeza y muchas alegrías, momentos de plenitud y exaltación. Eres mi segunda piel, mi rincón de la serenidad, mi luz y mi sustento. No sé si todo eso que yo siento es amor.

Dicen los expertos que la admiración es un importante componente del amor, y hoy tengo que decirte, biblioteca, que mi admiración hacia ti no tiene límites.

Te admiro porque eres el lugar igualitario donde cualquier persona puede formarse y transformarse, donde los que nacen sin recursos los encuentran, donde se aprende a compartir y a aceptar las diferencias.

Te admiro porque, si se acepta la definición de padre que hace tiempo acuñó mi hijo Anxo (“un padre es el que te responde todas las preguntas”), es evidente que tú eres padre. Y si seguimos aceptando que “una madre es la que te resuelve todos los problemas”, eres madre. Eres acogedora y estás siempre disponible. Eres un cálido lugar de encuentro donde cualquiera puede curar sus aflicciones.

Te admiro porque eres transformista. Como un camaleón adoptas cualquier forma para ser útil a la gente: en una comunidad eres barco, en otra bicicleta, en otra autobús, en otra carretilla, o maleta, o simple bolsa. Incluso tomas forma de animal y te haces burro, camello o elefante con tal de llegar a los que necesitan tus servicios.

Te admiro porque unes a la gente. Consigues que los abuelos disfruten al mismo tiempo que sus nietos; favoreces el nacimiento de grupos de individuos que tienen intereses similares; enlazas las manos y miradas de personas que van leyendo, una tras otra, los libros que les prestas.

Te admiro porque aunque tienes muchos años te conservas fresca y joven, siempre inagotable, abierta a cualquier cambio que pueda ampliar tu acción beneficiosa.

Te admiro porque eres pública y gratuita. Porque en ti pueden lavarse los sin techo, calentarse los que tienen casas frías, ver la prensa los que no pueden comprarla, conectar con su familia los que la dejaron lejos, buscar trabajo los parados, pasar noches mágicas los niños. Vales para todo y para todos.

Te admiro porque eres garantía de la paz, y porque cuando has sido atacada por las guerras te has reconstruido y has seguido viviendo y sembrando tolerancia.

No sé si la atracción por ti que he sentido desde el vientre de mi madre es síntoma suficiente del amor. Pero si se le añade esta admiración ilimitada que en cuarenta años de trabajo has conseguido sembrar en mi interior, puedo decirte con el corazón rendido: ”Biblioteca, yo te amo”’.

Y esta otra es de Segunda Pérez:

Defender las bibliotecas uniéndote a la Marea Amarilla en el Día del Libro.

Bibliotecaria Sin Tijeras ha recogido varias propuestas, desde diferentes partes del país, para reivindicar el papel de la biblioteca en el Día del Libro. Son sólo algunas de todas las que se harán hoy. Pero todas la acciones cuentan a la hora de defender nuestras bibliotecas que, como otros servicios públicos, está en serio peligro de recorte y extinción:

Feliz Día del Libro a todos y todas.

 

Puedes celebrar el Día del Libro leyendo una carta de amor a tú biblioteca.

Desde luego que una hermosa manera de celebrar este Día del Libro es la de leer una carta de amor a la biblioteca como la que nos ha dejado esta usuaria:

 

 

‘San Fernando de Henares, a 23 de abril de 2012

Querida Biblioteca:

 

Ahora que estás viviendo uno de tus peores momentos, en que corres grave peligro y te muestras tan vulnerable. Ahora que algunos aprovechan para tratarte inmerecida e injustamente, siento la gran necesidad de contarte muchas cosas, de mostrarte el amor que siempre he sentido por ti, porque quiero reconfortarte, quiero que sepas que no estás sola, que eres muy querida y apreciada… Sabes que siempre me resultó difícil expresar el gran amor que he sentido y siento por ti y también sabes que éste viene de lejos, desde hace tanto tiempo que casi ni me acuerdo. Yo prácticamente no sabía ni leer ni escribir cuando te conocí por primera vez, y desde entonces no he podido separarme de ti. Y cuando realmente mi amor se me manifestó con toda su irrefrenable fuerza fue en ese momento en el que descubrí ese poderoso sentimiento, durante la anhelada adolescencia. Entonces la sensibilidad y la emoción fluían en mi descontroladamente, y, en un intento por organizar mis inconfesables sentimientos, te encontré. Allí estabas, con tu eterna sonrisa y tu amable gesto, para ayudarme, para calmarme, para arrullarme. Siempre estuviste dispuesta a cuidarme, a reconfortarme, y desde entonces, jamás he podido prescindir de tu compañía.

Ocurrió durante mis años colegiales, cuando sentía que jamás me integraría del todo con mis compañeros de clase. Allí te encontré, estabas esperándome con alegría y me pareciste tan maravillosa y mágica, que me fascinaste desde el primer momento. Eras un universo repleto de historias, emociones, sueños y fantasía y decidí dedicar prácticamente todos mis solitarios recreos a visitarte. Me permitiste descubrir los mil y un fantásticos cuentos orientales, con los que viajé por exóticos lugares, y gracias a ti conocí mundos lejanos y compartí fascinantes experiencias con extraños personajes, siniestros unos y maravillosos otros. Contigo leí y hasta memoricé los mejores versos del romancero, del Arcipreste de Hita, del Marqués de Santillana, de Garcilaso, de Santa Teresa de Jesús, de Calderón, de Lope, de Quevedo, de Góngora, de Shakespeare, de Cervantes, de Dickens, de los hermanos Machado, de Rosalía de Castro, de Lorca, de Gloria Fuertes y de tantos otros. También me permitiste descubrir el fantástico mundo de Bécquer expresado en sus Leyendas y las dulces manifestaciones de amor de sus preciosas Rimas, que me incitaron a intentar escribir las mías propias, para expresarte secretamente mi inconfesable amor. Pude viajar a tu lado por miles de fascinantes historias, algunas impresionantes, como El Conde de Montecristo o La Odisea, otras más tranquilas y entrañables, como Mujercitas. Me mostraste que en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no querías acordarte, hubo un caballero que, junto a su campechano escudero, recorrió montañas y valles, viviendo épicas batallas y llegando incluso a luchar contra terribles gigantes. Y hasta descubrimos juntos que un burrito, llamado Platero, podía ser el mejor y más cálido amigo.

 

Me hiciste reír, llorar, anhelar, soñar, disfrutar, viajar, descubrir, imaginar, amar y ser amada. Me mostraste que un libro es el mejor compañero, que siempre está ahí, esperando pacientemente a que lo abras y te sumerjas en sus fascinantes historias. Me enseñaste a hablar, a escuchar, a entender, a pensar, a expresar, a escribir, a ser mujer, a ser persona.

 

Por todo ello, te estoy tan agradecida. Siento que sólo puedo compensar todo lo que me has dado mostrándote mi amor, un amor que es y será para siempre, incondicionalmente eterno, un amor que será de esa clase de amores que nunca perecen, como muchos que me mostraste en tus libros. Ahora que sé que me necesitas más que nunca, te ofrezco todo lo que tantas veces me ofreciste a mi cuando te necesité. Déjame que te quiera, que te acompañe y te arrulle, como tantas veces hiciste conmigo. Sólo espero que estés ahí siempre y que pueda seguir contando contigo como hasta ahora he contado.

 

Querida biblioteca “pública”, nunca me había atrevido a decírtelo, pero hoy siento que te mereces estas palabras, hoy sí que me atrevo a decirlo muy alto para que las conozca todo el mundo, para que sepan que nuestro amor trasciende y trascenderá todas las fronteras. Mi amada biblioteca, “te quiero”, y espero que jamás olvides que “yo pagaré tu amor con el exceso / con que pagan las flores al abril; / mil besos te daré por sólo un beso, / por un abrazo yo te daré mil.[1]

 

 

Virginia Gutiérrez Marañón’

 


[1] Atribuido a Espronceda, José de: El arrepentimiento